“La tierra dará su fruto; nos bendecirá Dios, el Dios nuestro. Bendiganos Dios y témanlo todos los términos de la tierra”.
Salmo 67: 6-7
La naturaleza de Dios es bendecir. Sin embargo, necesitamos entender que Él tiene un propósito mayor en mente. Su objetivo final abarca mucho más que hacernos felices, darnos paz, protegernos y prosperarnos. En realidad, la intención del Señor nunca ha sido que sus bendiciones se queden con nosotros, por el contrario, desea que fluyan a otros como parte de su plan para toda la humanidad.
La bendición de Dios sobre los campos es fecundidad: la primera bendición del Génesis, que puso en marcha la inmensa fecundidad terrestre, se repite periódicamente en nuevas bendiciones. La tierra fecunda atestigua que nuestro Dios nos bendice.
Nuestro deber es ser un canal de bendición para todas aquellas personas que están a nuestro alrededor y que seamos la imagen de nuestro Señor, para que la gente pueda ver en nosotros esa luz que recibimos de Él.
Cuando el Señor le bendice, no solamente hace algo para usted; también hace algo en usted y por medio de usted para tocar la vida de los demás.
A medida que vemos la gracia y misericordia de Dios obrando en nuestras vidas, no podemos evitar responder en adoración, alabanza y bendición y transmitirlo a todos los que nos rodean. ¡Ningún pueblo debe ser excluido de esta canción de alabanza!
Amados hermanos, viene el día en que los pueblos alaben al Hijo de Dios, Jesucristo. ¡Todos los pueblos le alabarán y todos los términos de la tierra le temerán! ¿Estás esperando que llegue ese día?